DESCRIPCIÓN DE UN ESTILO PROPIO


 

En este breve texto intentaré concretar las ideas rectoras de un proyecto artístico que, en la actualidad, abarca más de 25 años de actividad artística ininterrumpida.

Expresado de forma esquemática debo resumir mi interés por la fotografía como un intento de expresar la sustancia intangible de las cosas de modo que a través de este medio pretendo captar, tanto los aspectos más fugaces de la vida, como por ejemplo la forma en que la luz incide sobre determinado objeto o situación (aprovechando los contrastes entre luces y sombras), como aquellas cosas que habitualmente pasan desapercibidas por considerarse intranscendentes o nimias.

Serían las ideas anteriormente citadas las que de alguna forma, aun sin pretenderlo, abocarían mi obra a estar íntimamente ligada con aquel género desarrollado por la pintura occidental de naturaleza muerta y el bodegón. Llegado este punto, es conveniente señalar que la cercanía formal de mi producción fotográfica con este género no se debe al desarrollo de una idea programática en torno a las variaciones de la naturaleza muerta, como es obvio a la luz de los resultados que aporto, como tampoco me mueve ni la voluntad de mímesis, ni la búsqueda del pastiche historicista.

Con mi obra busco la presentación de una serie de ideas y sensaciones de difícil traducción literal para lo que uso una serie de objetos y circunstancias materiales que, a través del encuadre fotográfico, se ven desprovistos de su contexto habitual para transformarse en objetos dotados de una nueva carga subjetiva que los convierten en transmisores de pulsiones derivadas, tanto del medio con el que trabajo, como de elementos biográficos personales.

En la elaboración de mis imágenes hay un componente pictórico tan importante que, de hecho, y aunque resulte paradójico, construyo imágenes con la cámara a partir de la descomposición de los objetos con la pretensión de que se transformen en pura materia visual.

En una primera etapa de mi obra la búsqueda de un lenguaje personal se traduce en el hallazgo de la pintura, en el sentido que le otorgaba Maurice Denis, en aspectos de la vida cotidiana bajo la forma de aquellos fragmentos que, hasta convertirse en objeto de mi mirada, no tendrían intencionalidad artística. Con ello quiero decir que desde el principio de mi práctica fotográfica busco, más allá de la representación, la plasticidad de la materia pictórica de forma que la fotografía sea auténtica pintura.
A partir de la premisa que citaba con anterioridad, mis primeras fotografías adquieren el sentido de un expresionismo abstracto, de la misma forma que otras obras posteriores nos remiten en su apariencia al informalismo, ya que el mundo es más abstracto que figurativo. En ambos casos debo aclarar que no pretendía parafrasear movimientos artísticos del pasado aunque el resultado lleve tanto al espectador como a mí misma a pensar en aquellos. En mi opinión, el interés de esas obras radica en que son imágenes extraídas de la realidad que nos rodea, sin elaboración previa a la presión que ejerzo sobre el disparador de la cámara; tienen la frescura de ser imágenes encontradas que, desprovistas del contexto primero, nos remiten a un mundo de materia, luz y color.

En el año 2004 comencé un proyecto titulado Talco conservante natural donde, al margen de aquellos aspectos señalados anteriormente y que perviven en mi producción actual, me encamino hacia una mayor conceptualización de la imagen que comienza por la integración de la palabra en la obra a través del título bajo el que se desarrolla la misma. Esto se hace bajo una apariencia de sobriedad en el color y economía de medios cargados de una poética que busca un guiño irónico.

Estos sencillos bodegones de frutas y flores los elaboro en otoño, que es la época del año en la que el sol entra en mi cocina, que es mi “laboratorio de experimentos” en el interior. Procuro no copiar la realidad, sino transformarla para conseguir algo nuevo, original. Eso sí, desde hace algunos años, aplico filtros caseros con la intención de “suavizar” o desenfocar un poco mis composiciones, sobre todo las piedras de granito de mi Ciudad. Esta ligera borrosidad me recuerda a la pintura (otra de mis grandes pasiones). Es por esto que entre los pintores actuales que más me gustan está Antonio de Ávila, que pinta pueblos envueltos en niebla; lo mismo que Alejandro Quincoces, Francisco Sánchez o Javier Sagarzazu. Esta influencia puede deberse en cierto modo a que en el año 2003 entré a formar parte de dos Asociaciones de pintores, ARGA y AGAEC. Gracias a ellas expuse algunas de mis obras en varios lugares importantes.

 

 

Beatriz Núñez Martínez